Con el paso de los años los recuerdos se van desvaneciendo pero si de algo podemos estar seguros es de que independientemente de la forma como hayan resultado las cosas con el primer amor, este quedará grabado en la memoria para siempre.

Los Besos al principio del Amor

Los primeros besos, los abrazos tímidos, los paseos a escondidas, las caricias furtivas, el constante coqueteo y esas maripositas en el estómago que se sienten cada vez que miras a quien dijiste tu primer te quiero”, eso jamás se olvida.

Generalmente el primer amor se da en los años de la adolescencia, cuando la mayoría tiende a sentirse incomprendido, confundido por los cambios internos y externos, y éste se presenta como un salvavidas ante una de las épocas más complicadas que experimentamos.

El primer amor siempre será tomado como la principal referencia acerca de lo que se debe o no hacer en una relación y, a la larga, te forjará en la persona que te conviertes y la forma en la que te desenvuelves en tus relaciones posteriores.

¿Cómo se siente el primer Amor?

                Muchas veces el primer amor no es el último, ese con el que llegamos a compartir el resto de nuestras vidas y formar una familia. Pero no se puede negar que se trata de una de las experiencias más hermosas y tiernas.

Y es que cuando nos enamoramos por primera vez son muchos los sentimientos que podemos llegar a descubrir: las sonrisas, el buen humor, y esa inevitable sensación de permanente felicidad, no se pueden ocultar.

Los enamorados al verse entre sí sienten cosquilleos por todo el cuerpo, nervios producto de la misma felicidad, se estremecen con su primer beso, se emocionan con cada caricia e incluso la primera vez que escuchan un “te quiero” de parte de la persona que adoran.

El primer amor es el culpable de grandes locuras hechas con y para el otro, continuas muestras de afecto (en público y, en ocasiones, muy apasionadas), sonrisas prolongadas y una sensación de estar soñando despierto todo el tiempo.

Para describir al primer amor se pueden utilizar un par de palabras: ilusión y ternura. Los gestos más simples son considerados los más especiales y, la mayoría de las veces, el solo hecho de pasar un par de horas al día juntos es suficiente, no se necesita más.

No todo es color de rosa en el primer amor

¿Recuerdas tu primer “te quiero”? Lo más seguro es que sí, y que también recuerdes con cariño todos los momentos que viviste junto a esa persona especial y, por ende, también a ella  y las cosas que te hizo sentir.

Porque cuando somos adolescentes y tenemos ganas de comernos el mundo, a pesar de sentirnos incomprendidos por quienes nos rodean, si nuestro primer amor nos apoya sentimos que realmente podemos hacerlo.

Y es que llegan a convertirse en la primera persona en la que confiamos, en quien creemos ciegamente que nunca nos fallará y mucho menos faltará. Cada gesto se traduce en la máxima expresión de amor y se vuelve sencillo seguir cayendo en las espirales del amor.

Sentimientos encontrados

Si bien es cierto que el primer amor es una de las primeras experiencias “reales” que tienen los adolescentes, es importante saber que en este período aumentan las sensibilidades, se hacen presente las inseguridades y de ahí se derivan los problemas.

Siempre se ha dicho que los adolescentes son sumamente influenciables e ingenuos, y eso aumenta cuando llegan a escuchar su “primer te quiero”: es aquí cuando se acentúa el sentido de pertenencia hacia la otra persona y surgen sentimientos poco agradables como la rabia, los celos, la frustración y la tristeza, cuando se dan las primer peleas o sienten que su primer amor está en riesgo de ser perdido.

Quienes ya hemos pasado por eso sabemos lo complicado que puede llegar a ser, especialmente con la familia, quienes sienten que estamos siendo “arrancados” del hogar. La mayoría de las conversaciones y decisiones se toman con ayuda de esa primera pareja y no de la mano de mamá y papá.

Es en este punto cuando la buena comunicación entre padres e hijos pasa a ser una herramienta fundamental para poder salir airosos de cualquier situación turbulenta que se suscite durante la adolescencia y como resultado del primer amor.

 

 

 

 

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